fantaguayaba

_autos_voladores

Por fin ha llegado aquello que nos prometieron de niños: autos que vuelan… en miles de pedazos.

¿Y quién más hubiera podido traer tan ansiado desarrollo a nuestras vidas que el gran Da Vinci de nuestra época?

Se imaginan si el original Nikola Tesla hubiera tenido a su disposición recursos virtualmente infinitos, el apoyo incondicional de todos los gobernantes de su época y, claro, el amor incondicional de toda la población, del mundo; para esta época estarían ustedes leyendo esto flotando en colonias orbitando Saturno.

Aunque nos guste o no, el narcisismo mueve al mundo, y siempre lo ha hecho. Pasamos de ser una asustadiza especie que vivía aterrada dentro de agujeros o cavernas a extinguir por completo toda la megafauna del planeta solo porque no podíamos conformarnos con alimentarnos de pollos o lagartijas y teníamos antojo de cenar costillas de mamut, aunque el resto del animal terminara pudriéndose en el suelo. Debemos pensar en grande, escalar, dominar el mercado. De no ser por estas grandes empresas seguiríamos siendo una pusilánime especie. El mundo nos queda chico: es hora de dejar este miserable planeta para destruir el siguiente.

Estamos a nada de vivir en esas verticales metrópolis que vimos en El quinto elemento, con puestos flotantes de gomichelas, cruceros espaciales y criaturas grotescas tratando de matarte a cada minuto del día solo por conseguir un poco de piedra. Y todo gracias a nuestros visionarios magnates que dictan cómo debe de verse el futuro de la humanidad.

Estos modernos autos voladores parecen diseñados para el demandante mercado mexicano, ya que su necesidad está claramente justificada, desde ser usados para brincar bloqueos carreteros hasta para aparcar tu futurista auto en la azotea de tu domicilio, junto a tu pareja de pitbulls. Nunca más volverás a hacer corajes cuando te encuentres con la sorpresa de que tu vecino decidió cerrar la calle para celebrar los quinceaños de Valentina Anayeli.

—fanty.