fantaguayaba

_impaciencia

La gente se está volviendo muy impaciente. Ya no tienen tiempo para «el proceso»: hoy en día todo se trata de resultados, de resúmenes, de explicar las cosas como si tuviéramos cinco años y de volverse peligrosamente eficientes.

La gente ya no espera, se va de inmediato al final del libro para saber en qué acabó la obra. Si tomas una Biblia, densa y engorrosa, debes desplazarte de inmediato a la parte en la que muelen a palos a un señor y lo clavan en una cruz. No sé por qué acabó así, seguro hizo algo terrible; no importa, el chiste es que acabó hecho un Santo Cristo y eso es lo que nos debe quedar de lección. Olvídate de los detalles o de las enseñanzas: solo dame los cinco puntos más importantes del Nuevo Testamento. Si vas a misa, llega directamente a comerte la hostia, recibe el cuerpo de Cristo y márchate a casa, que es lo que realmente va a salvar tu alma.

La gente adora los atajos, los shortcuts. ¿Para qué ir al gimnasio si puedes iniciar hoy mismo tu ciclo de esteroides? Y si tardan demasiado en llegar desde Australia, ya te podrías estar inyectando un poco de aceite de auto para darle volumen a esos bíceps.

La gente está tan ansiosa por ir adelante en la vida que ha inventado una droga llamada GLP-1, que deja a quien la toma luciendo como un radiante cadáver. Están tan más allá del resto que parecen haber pasado a otro plano existencial.

¿Recuerdas cuando las telenovelas mexicanas tenían, literalmente, cientos de episodios? ¿Sabes cuántos capítulos se tardó Marimar en ponerse zapatos? Eso solo podía ser posible en los tiempos en que la gente vivía como caracoles. Hoy hay microdramas —femtodramas, si me permiten— que puedes disfrutar en pocos minutos mientras haces el trayecto a tu casa (curiosamente, todo se hace más corto excepto el trayecto desde Santa Fe hasta la Agrícola Oriental). Mientras esperas en la fila para pasar al cajero del Bienestar, puedes disfrutar de grandes obras dramáticas donde ni siquiera es necesaria la presencia de humanos. En estos días, leer cualquier libro se siente como mirar a un dinosaurio convertirse en petróleo en la isla de Jarg para luego viajar a Rusia y de ahí triangularse a los Estados Unidos... Creo que me estoy desviando del tema, pero en este momento mi mente es como un avispero lleno de pequeñas ideas que vuelan sin descanso buscando dónde clavar el aguijón.

Si has llegado hasta este punto, déjame decirte que has desperdiciado valiosos minutos de tu miserable existencia. El tren ya se te fue, la burbuja reventó y el mundo es otro desde que empezaste a leer este texto. Y te lo perdiste.

—fanty