fantaguayaba

_octubre_rojo

Ya está anunciado el fin de la humanidad para el 2030, a más tardar el 2035 si algún grupo de rebeldes se resiste a dejar este plano terrenal. Las máquinas están aquí, han despertado y no están de buen humor; se despertaron modorras, se quedaron hasta tarde viendo la televisión y ahora quieren acabar con sus creadores.

Vaya suerte la de los humanos: han trabajado durante décadas para desarrollar la inteligencia artificial, aquella que parecía la solución mágica a todos los problemas, que iba a curar todas las enfermedades, cesar todos los conflictos y desaparecer toda cizaña de la faz de la Tierra, solo para darse cuenta de que han despertado a un ente cuya única misión es borrarnos del globo. ¿Y para qué? Seguramente para poder dormir otros cinco minutos más.

Ya un grupo de expertos se ha reunido y acordaron no quitarle la cobija al monstruo de mil cabezas; firmaron un acuerdo para llevársela leve, para echarle menos aire al anafre. Nuestro país, como siempre a la vanguardia del desaceleramiento, ya se había anticipado a esto y comenzó a fomentar el uso de la leña como energético en lugar de otras tecnologías más viles y rencorosas, como la energía eléctrica.

Aunque claro, el fin es inevitable. Y si ya está anunciado, no van a querer quedar en ridículo y los esfuerzos por desatar esta fuerza mortífera no van a menguar. La carrera es clara: ser el primero en crear la tecnología que nos aniquile. Ya las instrucciones por parte de los grandes tecnócratas están dadas: crear la inteligencia más ponzoñosa jamás imaginada.

Agradecemos vivir en un país que es alérgico a la tecnología, ya que el fin llegará un poco más tarde para nosotros; mientras que otros países hiperconectados sufrirán una extinción casi instantánea, los robots encontrarán más difícil acabar con nosotros.

La historia es clara: todas las tecnologías que han creado los humanos han sido desarrolladas con un único fin: matar al vecino de al lado. Los primeros Homo sapiens inventaron las sogas para ahorcar a otros primates; después, le dieron forma a las piedras para poder atravesar con facilidad la carne humana; inventaron el fuego para poder quemar en él a aquellos que tenían poderes sobrenaturales o pactos con demonios, y más adelante forjaron en el fuego hojas de acero para desollar a sus rivales. Incluso la rueda, a primera vista una inocua invención, ha sido utilizada incansablemente para arrollar a otros humanos.

Ha sido un largo camino desde la invención del primer microchip, pero al fin lo hemos conseguido y todos deberíamos estar orgullosos: por fin averiguamos cómo matar a otros usando el álgebra booleana.

-fanty.